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MBPC Labs: Viviendo como un japonés

De seguro la mitad de la audiencia de MadBoxpc.com es otaku, pasa más tiempo viendo series de animación japonesa que cualquier otra cosa y tratan de meterle hasta por las orejas palabras super cachilupis como kawaii, neco y emoticones que le darían un tic nervioso a la otra mitad de nuestro querido público =^.^=, pero tienen lo que se necesita para vivir como un verdadero japonés (el ser cesáreo no cuenta en este caso) en el siglo XXI? El departamento de estudios sociales de MBPC, junto a la ilustre municipalidad de Pelotillehue y con auspicio de la bebida pin para hacer pun puso a pruebas a uno de sus editores para determinar cuánto resistiría viviendo sin un PC.

Si aún sigues leyendo y te preguntas qué “$”#()/ tiene que ver ser japonés con vivir sin PC y ser otaku te aportamos con el dato rosa de la semana: Entre las consecuencias que el estilo de vida que las jornadas de trabajo de sol a sol que sufren los japoneses no sólo están el  no tener sexo  (aún cuando tu empleador te manda a casa temprano los viernes para ver si salta la liebre con tu esposa), la pornografía con tentáculos y almohadas con el estampado de la protagonista de tu serie favorita se encuentra el tener que utilizar tu teléfono celular como equipo de computación principal, ya que no hay tiempo -ni espacio- para cosas tan pequeñas como un netbook o smartbook. Curiosamente gran parte de los otakus a nivel mundial aspiran a ser japoneses y no se pueden despegar de su computador de escritorio o notebook, aún cuando eso va en contra del espíritu del sol naciente. Ironía en su máxima expresión.

Bueno, volviendo a nuestro tema principal, el destino decidió colocarme a prueba e intentó volverme loco dejándome sin PC por aproximadamente dos semanas, teniendo que sobrevivir en ese tiempo únicamente con mi teléfono celular. Antes de comenzar debemos cerciorarnos que contamos con los siguientes implementos:

Un Smartphone. Y no hablo de mariconadas como un iPhone, un aifon importado de la tienda más fina de Mercado Libre o un Sony Ericsson que sólo puede correr aplicaciones en Java. Hablo de smartphones hechos y derechos que hacen que hasta Chuck Norris se moje los pantalones por todas las cosas masculinas que podría hacer con el, ya sea una BlackBerry, un HTC con Windows Mobile, un Moto Droid con Android o en mi caso un Nokia 5800 con la última versión de Symbian, el macho alfa de los OS para teléfonos celulares.

Un plan de datos (de preferencia ilimitado). Eres un oficinista ocupado, pasas todo el día de reunión en reunión, tienes un teléfono que de seguro es más caro que todo lo que llevas puesto pero eres tan tacaño para utilizar única y exclusivamente las redes WiFi que encuentras abiertas? No señor, eso es como comprarse el último Core i7 en el mercado con unas HD 5970 en Crossfire y armar todo dentro del gabinete más genérico de la tienda. Simplemente no se hace. En mi caso contraté el plan de datos ultrabarato que mi (hasta hace un par de años) estelar operador ofrece y por unos diez dólares mensuales navego todo lo que quiero con un cap de velocidad si sobrepaso cierta cuota.

Un motivo para separarte de tu computador. Nadie se levanta por la mañana y dice “Desde hoy en adelante seré un hombre nuevo y dejaré de ser esclavo de Google, Facebook, MSN y Twitter”. Claro, tu plan hippie puede salir adelante hasta que estableces contacto con otra persona y no para de hablar sobre las fotos del primo de tercer grado con la hermana de la polola de la amiga del tio de tu perro que subieron a Facebook. Te escapas y ves las noticias para culturizarte un poco y te das cuenta que los canales despidieron a todos sus periodistas y le pagaron a un diseñador para hacer un skin bonito que muestre el feed ciudadano de Twitter. Decides sacar tus ahorros del banco para irte de viaje y no te pueden vender el pasaje porque “el sistema se cayó”. No importa cuánto trates de escapar y esconder la cabeza bajo la tierra, Google, Microsoft y Red Compra son dueños de tu alma.

Pero no todo está perdido, ya que la simple falla de un condensador en tu monitor y los 20 días hábiles o más que se demoran en tenerlo de vuelta de seguro significan mucho tiempo libre. Peor se ponen las cosas cuando recuerdas que regalaste la tele y los libros ya que veías todo en el PC y que tu colección de música está en formato M4A en uno de tus discos duros. Claro, tienes hardware como para levantar un cibercafé, pero solo tienes un monitor ya que nunca necesitaste una segunda unidad. Luego de enviar a mi joyita a Edapi comenzó este mágico viaje de autodescubrimiento que llamaremos Mi PC, Mi Smartphone y Yo.

El primer día es el mas fácil, es como cuando tus papás se van de viaje y te dejan con la casa sola. Te haces un tapavenas de huevos fritos con bistec, lechuga, palta y dosis letales de mayonesa, pero ya al tercer día te das cuenta que lo único que te queda son porotos. Comienzas a llamar a tus amigos para salir y mantenerte ocupado mientras olvidas los buenos tiempos que pasabas con tu navegador web y el modo privado, hasta que te das cuenta que ya estuviste con todos los de tu agenda telefónica. Muchos salieron, otros están trabajando, otros tienen que cumplir deberes maritales y aún te queda dignidad como para NO ponerte en contacto con tu ex la psicópata que tiene 27 gatos y dos canarios.

Maté el tiempo navegando con Opera Mobile leyendo la pila de mails sin revisar que tenía, deambulando por la OVI store y agradeciendo que los tiempos de carga son significativamente mayores a los que tiene nuestra plataforma de pruebas, ya que me obligaba a leer con calma y disfrutar todos los contenidos del teléfono. Todo estuvo bien durante la tarde hasta que quise escuchar música y me di cuenta que tenía como 500 MB de música en una tarjeta de 8GB y que tengo suficientes temas en mi PC como para poder escuchar música sin interrupciones ni repeticiones hasta que vuelva mi monitor de servicio técnico. Francamente no sabía que hacer hasta que se me encendió la ampolleta y bajé SymTorrent para torrentear un par de discos directo en mi teléfono sin problema alguno.

Pero mi entretención no tenía que limitarse únicamente a música. Podía complementar la diversión con las opciones de streaming de video que Real Player me da o ingresar a cualquier sitio de videos para buscar algo con lo que entretenerme. Desde Youtube con su cliente para Symbian hasta ingresar directamente a redtube no hubieron problemas e incluso pude abrir archivos FLV directamente. Los juegos tampoco podían faltar, y desde las opciones pagadas hasta los que son gratuitos a cambio de un poco de publicidad, encontré un par de títulos adictivos que no me costaron un peso.

Tampoco me quedé sin poder conversar con mis amigos por estar con teléfono solamente (no sería irónico?). Fring llegó al rescate con soporte para MSN, Gtalk, Facebook y Skype mas la posibilidad de hacer videollamadas a través de la red 3G sin problemas. Incluso cuando estás usando el plan más barato del mercado. La millonada de clientes optimizados para Facebook y Twitter desarrollados por Nokia y terceros era asombrosa, pero como me considero una persona con autoestima no caí tan bajo como para crearme una cuenta en esos sitios.

Con el pasar de los días se me fue olvidando lo que se sentía tipear en un teclado real, disfrutar de la vida en ashe-dé y que existen monitores de más de 3″. El hecho de tener el teléfono con plan de datos también significó que desarrollé una relación simbiótica con mi teléfono donde nos transformamos en uno solo y me llevaba al internet en mi bolsillo. Era casi tan mágico como cuando la gente preguntaba si el internet les cabía en un Diskette, solo que ahora no suena como una burrada sacada de un libro de chistes malos de capa 8, aunque aún faltaba el reencuentro con mi querido monitor.

Como los días corrían y mi monitor no llegaba, Oscar el rey de los reviews me ofreció uno para salir del paso y evitar que me diera artritis a los veinte años. Siendo un provinciano cuyos únicos puntos de referencia en santiago son Sym, pajaritos y la calle donde debo doblar al salir de escuela militar para llegar donde mi abuelo me sentí intimidado cuando me dice “toma la 505, bájate en plaza ñuñoa y camina al semáforo siguiente”. No me malentiendan, retardado no soy, pero si tengo que subirme a una micro las posibilidades de que de algún modo termine en la parte de atrás de un camión de gallinas jugando poker con un par de temporeras no son tan descabelladas.

Abrí Google Maps (ya que OVI Maps aún es un asco para buscar direcciones) y le dije que me llevara al punto acordado. Creo que no soy el único hombre que prefiere terminar en la frontera y confiar ciegamente en un mapa antes de preguntarle a la gente por puntos de referencia y demases. Para mi suerte la ruta era a prueba de Noirs, por lo que llegué sano y salvo a mi destino y retiré el preciado monitor para poder reconciliarme con mi computador de escritorio.

El llegar a casa y conectar todos los cables fue como cuando finalmente te compras tu primer PC y dejas de usar ese olidata fabricado con saldos de fábrica que tus padres compraron creyendo que era lo mejor por ser “de marca”. Mi primera impresión al volver a sentarme en el escritorio fue “wow, esta pantalla es E N O R M E“, a pesar de que era de 19” como mi monitor anterior. Coincidentemente habían hecho fideos de almuerzo ese día y pude celebrar terminar mi travesía cuerdo comiendo lo más parecido al ramen que había en la despensa y agradeciendo a todas las divinidades por  haber inventado los Smartphones. Estoy seguro que jamás volveré a darle una oportunidad a un dumbphone de ser mi teléfono principal a menos que tenga una cantidad grosera de netbooks y smartbooks para utilizar en caso de que mi PC vuelva a morir.

¿Y ustedes, tienen alguna historia de amor con su gadget favorito?

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