
Durante la BlizzCon, se apuntó a que no habría un antagonista claro y bien definido, pero que nos sorprendería su surgimiento en mitad de todo el conflicto Horda-Alianza. Aún así, y pese a que en la caja del juego pudiera no ser evidente, sí existirá un antagonista, especialmente hacia el final de expansión: Garrosh Gritoinfernal.
Cómo el actual Jefe de Guerra de la Horda pasará a ser odiado y despreciado por todas las facciones, es todavía un misterio. Todo apunta a que a lo largo de esta expansión tomará una serie de decisiones más comprometidas que, sumadas a las de Cataclysm, causarán una rebelión en su facción y afianzando el grado de amenaza real para la Alianza.
Para ilustrar este camino de perdición, cada misión que llevemos a cabo y cada parche de contenido introducirán cambios tangibles en el mundo. Del mismo modo que la violencia escala por oleadas, la crudeza de la guerra marcará a Pandaria, a los pueblos que en ella habitan y a la propia Horda y Alianza, transformando el poder de cada una de las facciones a medida que la confrontación avance. Veremos la representación sobre el mapa, no como una idea abstracta, sino como el resultado de las decisiones militares de ambos bandos, sean éstas la causa de un escenario devastado o el despliegue de nuevas fuerzas en zonas en las que la paz todavía reinaba.
Las acciones de Garrosh como Jefe de Guerra conducirán a escenarios en los que la guerra se expande por el nuevo continente, con mayor o menor gloria para la Horda o la Alianza. A medida que el líder se vuelva una máquina implacable sedienta de sangre que la Horda jamás derramaría, a medida que merme su capacidad de liderazgo, Pandaria y el curso de la historia cambiarán con él hasta que al final de expansión, en el último parche de contenido, el Asalto de Orgrimmar se convierta en la catarsis de Mists of Pandaria.
fuente : http://wowsfera.com/




Este tema está cerrado





















